Nuestra Casa, abierta al mundo.
Aquí se entrecruzan el dolor y la esperanza,
chocan y se funden los ritmos, los rezos y las lenguas.
Las mentes se observan y entablan la batalla del encuentro.
Y mientras, para sobrellevar la interminable espera,
suenan nuestras músicas, nuestra banda sonora,
hasta que, liberados del baldón de "ilegales" honrados,
podamos vivir (o malvivir) con el esfuerzo propio
y con la dignidad reconocida.
A todos los que son capaces, nuestros amigos,
De seguir tantos ritmos. Con afecto. Un abrazo