Documentación
Diversidad y Encuentro
Artículos Publicados
Carta de un inmigrante africano a la sociedad
Somos los VIPS del VIH...y de tantas cosas
Diversidad: la carcajada de Dios
Los tontos prejuicios del tonto
Gracias por dejarme acompañaros
Confesiones de un ingrato
¡Torre Humana en el Obradoiro!
Campamento Intercultural
No fue una semana cualquiera
¡Ya han pasado 9 años!
Claves
Nuestra Casa, abierta al Mundo
 

GRACIAS POR DEJARME ACOMPAÑAROS


Hace ya algunos años que empecé a trabajar como voluntaria en el Proyecto de Refugiados y Menores no acompañados "La Merced". Llegué hasta allí casi de casualidad y me quedé. Ha sido un tiempo privilegiado en muchos sentidos; he tenido la posibilidad de abrirme a la realidad de las personas que llegan a España, a Madrid, y que se ven presionados por su nueva situación, por ser menores, por no tener, ni siquiera identidad ni permiso de trabajo (qué paradójico es no tener identidad y tener que pedir permiso para un derecho como el trabajo).

Durante este tiempo no he conocido muchas historias africanas que quiera contaros; más bien he conocido procesos de adaptación, ganas de salir adelante a pesar de las dificultades, jóvenes luchadores que tendrían mucho que enseñarle a los jóvenes españoles y a mi misma. He vivido también fracasos, he visto perder la esperanza y sentirse superados por circunstancias incomprensibles, cargar con problemas antiguos...

De todo esto me queda siempre un gran agradecimiento, por tener la posibilidad de acompañar, aunque sea mínimamente, con mis clases de español, a gente que me abre al mundo, a la realidad, a otros continentes, pero también a la nueva cara de España y de Europa. Con ellos me siento parte de un mundo que está empezando a cambiar, en el que todos intentamos sentirnos habitantes de la Tierra, constructores de igualdad, vivenciadores de la tolerancia y capaces de valorar con fuerza cada cultura, cada lengua, cada religión... que puedan hacer de nosotros personas más cercanas a las personas, con sentimientos de humanidad, de verdad, de esperanza y de justicia.

Inma García