Somos los peregrinos del mundo,
forzados por los hechos incontestables,
que recorren el camino, presurosos,
testigos de los vaivenes de la historia,
del hambre, de la guerra,
de la necesidad más apremiante.
Y aquí estamos:
somos torre,
somos lucha,
esfuerzo compartido.
Carne y piedra.
Arte y sueño.
Las piedras duran más,
pero jamás olvidan lo que son:
el fruto del encuentro
de nuestras manos,
de nuestros saberes,
de nuestros corazones.