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A DIOS LE GUSTA EL DIALOGO
A Abdelmounain (nombre imaginario de un chaval de 16 años) lo que le gusta es celebrar el Ramadán y la Fiesta del Cordero. Forma parte de su vida y de sus tradiciones. La Navidad, sin embargo, no le dice nada; incluso, le molesta. Por lo que, ni corto ni perezoso, rompe una figura del Belén. Supongo que está rebotado por algo, así que entablamos un diálogo sobre creencias y sentimientos mutuos, desde el corazón, y decidimos no llevar el enfrentamiento más allá. Transcurridos dos días me entrega un regalo: un hermoso "Misterio" de factura latina en el que ha invertido su paga de dos semanas. -"Acéptalo -me dice- sé que para ti es importante. Ah, y disculpa." La historia del encuentro de las religiones a lo largo de los siglos ha sido, en líneas generales y con algunas excepciones muy honrosas, un claro despropósito. En la tribu prevalecía el desconocimiento y la ignorancia. Las migraciones, voluntarias o forzosas, obligaron a los hombres a salir del perímetro de su ombligo y a encontrarse con el otro, con sus circunstancias y sus creencias. Las reacciones han ido desde el asombro hasta distintos grados de fundamentalismo, pasando por el miedo a ser contaminado, por la autodefensa, por el anatema o por el ataque directo. Nuestras creencias, sin embargo, debieran darnos un punto de lucidez y exigirnos un cierto grado de autocrítica al respecto, obligándonos a reconocer, sin que nuestras seguridades quedasen maltrechas y nuestro orgullo malherido, que las religiones han sido capaces de aportar a la humanidad lo mejor y lo peor, o dicho con otros términos, han provocado dramáticas esclavitudes al tiempo que generaban las liberaciones más trascendentes. Así es la historia, aunque, como decía en una ocasión Federico Mayor Zaragoza, "el pasado es como el retrovisor del automóvil. Hay que tenerlo en cuenta, pero lo primero es mirar hacia delante". ¿Por qué no vivir estos tiempos nuestros como una gran oportunidad que Dios nos ofrece para entender mejor sus planes? Nos guste o no, se acabaron para siempre las épocas y los países con una única cultura y una sola religión. El pluralismo religioso y cultural, aparte de una realidad innegable, como decía alguien, "no es ni bueno ni malo, sino todo lo contrario"; sus frutos dependerán de cómo trabajemos el encuentro y de cuán profundamente seamos capaces de dialogar. Esto, más que un capricho o una moda es una exigencia del mismo hecho religioso que ha sido capaz de sobrevivir a todos los que profetizaron la desaparición de las religiones y la muerte de Dios. La humanidad actual sigue necesitando y pidiendo respuestas a las distintas tradiciones religiosas y espirituales y les exige una apuesta decidida a favor de la paz, porque como afirma Hans Küng "no hay paz mundial sin paz religiosa; no hay paz religiosa sin diálogo entre religiones". Ojalá que, por convicción o por la fuerza de los hechos, las distintas religiones, desde su enorme diversidad, sean capaces de dialogar y ofrecer a nuestro mundo lo mejor de sí mismas, haciendo oferta libre y generosa de sus creencias más profundas y sólidas, más universales, facilitando la comunicación con la trascendencia, pronunciando palabras creíbles sobre las grandes cuestiones (la enfermedad, la vejez, la muerte, el dolor, el tiempo, la vida, la guerra, el odio, el amor, el miedo, etc.) y regalando experiencias, más allá de las teorías, de que se puede vivir de otra manera, respondiendo con religiosa pasión a los gritos de la Humanidad, la gran causa de Dios. Un buen punto de partida sería evitar prevenciones, prejuicios y estereotipos que nos alejen y nos distancien peligrosamente, haciéndonos injustos, en contra de lo que Dios quiere, porque, como bien dice P. Schmidt-Leukel, "también la teología de las religiones está bajo el mandamiento de no pronunciar ningún falso testimonio contra el prójimo". Y no tengamos miedo a que todo se funda y se confunda en una especie de "nada universal". Como escribía acertadamente el teólogo Joan Bosch, "el acercamiento y el diálogo de las religiones no se identifican con el fantasma del sincretismo irrespetuoso con cada identidad; al contrario, las diferencias y la diversidad religiosa hacen resplandecer la trascendencia de Dios y la misma diversidad humana...", porque, no lo olvidemos, Dios siempre es mayor que el Dios captado en una revelación. La vida de cada día en nuestra sociedad presente nos ofrece la oportunidad de ser agentes activos en este gran reto y nos exige no dejar toda la tarea en manos de los teóricos o de nuestros representantes políticos y religiosos... Dialoguemos cada día con los que tenemos cerca, sin prejuicios, sin estereotipos, sintiendo que cada persona es única, que cada persona es una oportunidad que Dios nos da. Para seguir informándose sobre el encuentro interreligioso ( textos, bibliografía, oraciones, lugares en internet) en esta misma página, en www.lamercedrefugiados.org/Doc_Profundizamos.html
Pablo Pérez Pérez |
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