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Los caminos de Liberación de la Merced Es mal asunto comenzar la casa por el tejado. Lo dice la sabiduría popular y tiene razón: al menor contratiempo, el edificio se nos vendrá abajo. Por eso, para que la construcción permanezca y nos ofrezca seguridad, hay que contar con unos buenos planos y unos cimientos hondos y resistentes. Desde el programa LA MERCED, Casas de Refugiados e Inmigrantes Menores y Jóvenes no acompañados queremos unirnos a la celebración de los 25 años de recorrido de Caminos de Liberación porque es un medio de comunicación privilegiado dentro de nuestra gran familia mercedaria, porque siempre hemos tenido sus páginas abiertas, pero, sobre todo, porque, en cierta manera, está en el origen de este programa carismático y tiene que ver con los planos y cimientos bien puestos que han hecho posible la existencia de unas casas de acogida, familiares y redentoras, que han superado ya los 16 años de existencia y que, en la medida en que sigan siendo necesarias, tienen cuerda para rato. A finales de los años setenta y comienzos de los ochenta se inicia un tiempo de reflexión dentro de la familia mercedaria sobre la actualidad de nuestro carisma liberador, las nuevas formas de cautividad y la necesidad de unas respuestas redentoras en estos tiempos tan distintos -o tan iguales, depende- a los de nuestro fundador San Pedro Nolasco. Esa reflexión cala poco a poco y se va plasmando en documentos capitulares, en charlas, en reflexiones comunitarias y, sobre todo, en la recién estrenada CAMINOS DE LIBERACIÓN. Su primer director, Ernesto Castro, es un enamorado del carisma mercedario y pone todo su empeño en provocar un debate en torno a esta cuestión fundamental. Más que la discusión académica, le interesa la sensibilización inicial que lleve, posteriormente, a alguna concreción redentora. Paso a paso, poco a poco, desde esta revista, desde el trabajo que los mercedarios desarrollan en África y desde las inquietudes personales de algunos religiosos, van entrando en nuestro campo de visión unas personas que sufren formas de esclavitud que no son nuevas, pero que, hasta los años setenta, nos eran bastante desconocidas: los refugiados. Aún no se sabe muy bien qué es lo que se quiere hacer, ni está claro quién debe poner la primera piedra, pero los planos y planes iniciales se comienzan a dibujar aquí, en CAMINOS; los "seguros cimientos" tienen que ver con la convicción de que nuestro carisma ha de seguir actuando en la Iglesia y en el mundo, y eso también se proclama una y otra vez desde esta revista. ¿Quién llama a quién? Quizá no importe tanto la respuesta, cuanto el resultado. La presencia de los refugiados en España, la cercanía de alguna casa mercedaria a la sede del ACNUR, la carencia de recursos del antiguo IMSERSO, el trabajo de los mercedarios en países africanos en permanente conflicto, las inquietudes de algunos religiosos, entablando conocimiento y amistad con personas e instituciones cercanas al drama de los refugiados..., todo esto, unido al buen pensar y escribir de Caminos de Liberación, confluye en el Capítulo Provincial de 1985, en el que unos representantes institucionales informan a los capitulares de la realidad, los problemas y las necesidades de los refugiados. Y tras los planos y los cimientos llegaron los aparejadores y los albañiles, o sea, los frailes, para construir el hogar de la acogida y la redención. Había que comenzar a levantar el edificio humano, así que el P. Antonio Freijo, que ya trabajaba por aquel entonces en La Casa de la Palabra acogiendo a los inmigrantes africanos, se presenta en el chalet recién adquirido en la calle Castelar, cercano a la plaza de toros de Ventas, en Madrid, y recibe, a comienzos de noviembre del año 1987, a los primeros refugiados procedentes del conflicto que asoló por aquellos años Irán e Irak. Otros muchos frailes y laicos han pasado desde entonces por este proyecto carismático mercedario, convirtiendo su vocación y su trabajo diario en una acción liberadora a favor de los refugiados y los inmigrantes. No es el momento de hacer el repaso, pero sí de resaltar que las piedras más importantes del edificio de LA MERCED son y serán siempre los menores y jóvenes acogidos. Desde su creación, por esta familia han pasado varias generaciones. Casi se podría escribir la historia convulsa de nuestro tiempo oyendo de primera mano las historias rotas que aquí se han escuchado en las lenguas más exóticas de África, de Asia, de la Europa eslava o de la América hispana... Y, paralelamente, habría que escribir una hermosa historia de historias redimidas que podríamos titular, por ejemplo -y por agradecimiento- "Los caminos de liberación de LA MERCED". Gracias y muchas felicidades a todos los responsables,
presentes y pasados, de Caminos de Liberación. Un abrazo de parte
de todos los menores y jóvenes refugiados e inmigrantes, de todo
el equipo educativo y demás trabajadores, de los voluntarios y
de la Comunidad Religiosa.
Pablo Pérez Pérez
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