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LA LISTA DE SCHINDLER-STEVEN SPIELBERG (1993)

Luis Muiño

El periodista Mârius Carol contaba, a quién quisiera escucharle, que el éxito es como el whisky: la primera copa tonifica, la segunda excita, la tercera trastorna y la cuarta tumba. La frase parece demasiado lúcida para ser negada. Pero en el año 1993, Steven Spielberg, el director capaz de convertir en oro todas las películas que toca, consiguió contarnos la historia de un hombre que consigue que su éxito profesional… no le trastorne.

"La lista de Schindler" narra la evolución personal de un industrial alemán. Una persona que empieza enriqueciéndose reclutando mano de obra barata entre los judíos de Cracovia. Una persona que acaba comprometiéndose personalmente en la salvación de más de mil de trabajadores utilizando como estratagema transferirlos a una nueva fábrica en Checoslovaquia...

SCHINDLER ANTES DE LA LISTA

¿Cómo es Oskar Schindler al principio de la película?¿Por qué no ve la barbarie que se está cometiendo con el pueblo judío?

Una hipótesis posible, desde la perspectiva de aquellos que trabajamos con excluidos sociales, es que el protagonista ha dejado de creer que vive en un mundo justo. En psicología social aparece frecuentemente una idea: los seres humanos tenemos tendencia a creer que el mundo es justo y, por lo tanto, los demás merecen lo que tienen: tanto éxitos como desgracias. Se diría que funcionar con esa hipótesis es necesario para las personas, porque si el mundo no repartiera premios y castigos de forma más o menos justa, continuar actuando tendría poco sentido.

El problema social llega cuando esa hipótesis del mundo justo se lleva al extremo. Anegados en una racionalidad falsa, los seres humanos empezamos a sospechar inconscientemente de todos aquellos que no han sido tocados por la varita mágica de la suerte. "Algo habrán hecho…", pensamos.

Cuando, terminada la guerra, los británicos obligaron a civiles alemanes a visitar el campo de concentración de Belsen, se cuenta que uno de ellos comentó: "Esos prisioneros tienen que haber sido terribles criminales para merecer semejante trato"...

Un experimento realizado hace años ilustra esta tendencia de forma bastante siniestra. Consistía en administrar descargas eléctricas a una persona en presencia de unos estudiantes. Cuando después se les pedía a éstos que juzgaran a la víctima de las descargas (de la que no sabían absolutamente nada), una enorme proporción de ellos emitieron comentarios denigrantes de rechazo hacia ella. El simple hecho de observar los malos tratos a un inocente basta para que tal persona parezca haber hecho algo malo…

De hecho, para algunos autores, la razón por la que la gente parece ser indiferente ante las injusticias sociales no es su falta de preocupación por la justicia. Lo que ocurre, realmente, es que no sienten que se haya cometido injusticia alguna. Para la gente que ha tenido éxito, es importante creer que el mundo es justo. Y eso le lleva a percepciones como las que muchos tienen según las cuales los pobres no merecen mejor suerte, el enfermo es responsable de su enfermedad o la mujer que ha sido violada no ha tenido la actitud correcta...

EL OTRO SCHINDLER

Oskar Schindler consigue, después de un desgarrador proceso de cambio personal, romper con esa hipótesis del mundo justo y entender hasta qué punto la desgracia social depende de los juegos de poder, del azar o de circunstancias nada éticas… ¿Por qué?

Aventuremos tres factores para el cambio:

  • En primer lugar, Oskar es una persona que trata de ver el mundo que le rodea. Alguien decía que las mentes son como los paracaídas, que sólo funcionan cuando están abiertos… y la mente de Oskar Schindler funciona muy bien.
  • Un segundo factor es la fuerza de las personas que le rodean. Gran parte del cambio de actitud de Oskar Schindler se produce por su amistad con su capataz y contable Itzhak Stern. Conocer personalmente a la víctima es, en todos los experimentos, uno de los antídotos contra el prejuicio.
  • Y en tercer lugar, la sensación de control. En el experimento que he comentado, los participantes no tenían ningún poder para ayudar a la víctima y por eso les tranquilizaba culpabilizarla. Pero cuando las personas sentimos que podemos hacer algo, no nos resulta tan fácil contentarnos con culpabilizar a la víctima.

Quizás Schindler descubrió, por azar, la única receta posible para que el éxito y el whisky no tengan efectos tan nocivos. Se trata, por lo visto, de aprovechar sus efectos pero desconfiar todo el rato del estado mental que producen.