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Salif Keita

***** MOFFOU

Fue mi cuñado el que nos dio la noticia: - "Actúa Salif Keita en Madrid, en la sala La Riviera". Y nosotros lo proclamamos a los cuatro vientos. En mala hora, porque todos los chicos de Castelar querían ir a verle, así que tuvimos que hacer selección. Allá que nos fuimos Ismail, Mamadou, Hassan, el susodicho de mi cuñado, un servidor y la hermosa y cimbreante Aisatu -¡ahí queda eso!- (si entras en esta página, no dejes de mandarnos noticias: te echamos de menos en España) ¡Qué gozada de músico! Hasta mi cuñado, que baila como un pato mareado, no paró de mover el esqueleto.

De entrada, impresionan su figura y sus circunstancias: rasgos negroides, pero piel blanca de albino; de origen noble, reñido con el ejercicio de la música… Tuvo que ganarse el derecho a vivir, a ser visto -ser albino es un auténtico estigma en muchos lugares del mundo- y a cantar. Toda esa lucha ha quedado sembrada en su magnífica y peculiar voz de timbre inconfundible y en sus innovadores derroteros musicales. Es de los rompedores, de los que abren camino, de los que han sido capaces de convertir sus circunstancias adversas y el sufrimiento en creatividad y en vigor. Siempre valoró mucho sus raíces musicales y los ritmos propios de su cultura africana, aunque pronto se dejó influir por otros músicos, iniciando fructíferas búsquedas por los horizontes de la música afrocubana y la electrificación occidental. Muy vinculado a diversos países africanos, como Guinea Conakry y Costa de Marfil, recaló finalmente en París, donde comenzó realmente su proyección internacional con el insuperable disco Soro, mezcla mágica de música mandinga y creatividad tecnológica, sazonada por la inconfundible garganta de Salif Keita, dulce y poderosa a la vez.

Y en Madrid, en la sala La Riviera, pudimos gozar de su buen hacer en el escenario. Nos presentó su última grabación -Moffou- que es un sorprendente regreso, tras muchos experimentos de fusión, a sus raíces. Otra vez las sonoridades y los ritmos más sencillos, más tradicionales, más auténticos. Canciones casi "a pelo", en las que manda la voz emocionante de Salif Keita. Y lo que es mejor: el disco es un acto de fe en un continente maltratado, una apuesta por el futuro de Africa. ¡Qué así sea!

Han pasado varios meses desde esta presentación, pero su recuerdo está muy vivo en los que asistimos al concierto. Además, nos quedan sus discos… Y el deseo de que vuelva pronto a Madrid.

Gracias, "cuñao", por el aviso.

Pablo P. P.