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Nombres ficticios para historias verdaderas Soy Dicort y he nacido y vivido en Liberia hasta los 13 años. Hay un día terrible en mi vida que nunca podré olvidar. Yo regresaba de la escuela y vi mi poblado cubierto de humo. Me dijeron que había atacado la guerrilla. Corrí cuanto pude, hasta llegar a mi casa. Encontré en la entrada a mi padre con una guadaña en la mano. Estaba muerto. Dentro, también muertos, estaban mi madre con mis tres "hermanitos". Muchas noches sueño con lo que vi aquel día en el que mi vida se rompió. Soy Mohamed. Mi padre es muy violento y nos pegaba constantemente. Ni mi madre se libraba de las palizas. Tenía 10 años cuando decidí escaparme de casa. Me metí en el hueco del ventilador del autobús, en la parte de atrás. Mi miedo se convirtió en terror cuando, al llegar a la frontera española, los perros de los policías comenzaron a olfatear cerca de mí. Yo lloraba en silencio para que no me descubriesen. Ahora ya estoy trabajando en España. Tuve que hacer un viaje a Marruecos para, con mis hermanos, "ponerle las pilas" a mi padre. Creo que le ha quedado claro que no puede pegar a mi madre. Así estoy más tranquilo. Soy Omar, tengo 17 años y estoy tutelado en España. Me ha llamado un vecino para decirme que a mi madre le quedan tres meses de vida. me asusta perderla, pero más me duele pensar qué va a ser de mis dos hermanos, de 9 y 12 años. Quiero trabajar cuanto antes, para enviar dinero, pero sólo llevo cinco meses en España y dicen mis tutores que hasta que no pasen nueve meses no se podrá pedir mi permiso de residencia. Dicen que esto es así porque lo que se busca es "el bien superior del menor", o sea, de mí. Yo, de todas maneras, aunque sea por mi bien, no me quedo nata tranquilo porque mi madre puede morirse de un momento a otro y no sé qué será de mis hermanos. Cada mes procuro enviar una foto a mi madre para que vea como voy creciendo. Mi mano derecha está llena de sangre y tengo los nudillos rotos. Me llamo Lazare y llevo siete meses en España. Parecía que me estaba tranquilizando, pero no, han vuelto las pesadillas. Acabo de soñar en el día que detuvieron a mi madre en una manifestación. Mi madre es - ¿o era? - profesora y no está de acuerdo con los abusos de nuestro gogierno. La detuvieron hace un año y desde entonces no sé nada de ella. Acabo de verla de nuevo en sueños y he intentado impedir que la hiciesen desaparecer. Mis nudillos y la pared de la habitación han pagado las consecuencias. Duelen los nudillos... y el sueño. Y, sobre todo, no saber nada.
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