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CARTA A SAID AMIN

Fue una tarde del pasado mes de septiembre, cuando Javier tu educador nos presentó. Yo te iba a dar clases de español y de matemáticas. Tus conocimientos era muy escasos, apenas unas palabras de español, algunas letras. Las mayúsculas eran para ti unas desconocidas. No sabias sumar, ni restar, ni escribir o leer números de tres cifras.

Nos planteamos como objetivo para este curso que pudieras comunicarte oral y por escrito en español y que aprendieras las operaciones aritméticas básicas. Pronto me di cuenta de que contaba con una inestimable ayuda, unas inmensas ansias por aprender. Javier me comentó que le habías dicho que querías las clases "siempre", lo que en tu escaso vocabulario quería decir "todos los días". Las clases tenían lugar a últimas horas de la tarde y cuando después de hora y media larga de clase te preguntaba si estabas cansado, tú te apresurabas a decir que no, que podíamos seguir ¡tal era tu deseo de saber! Recuerdo que al final de una de las últimas clases me dijiste: "José, tengo un problema, no entiendo el reloj" y nos pusimos a resolver tu problema.

Pasaron apenas cuatro meses y empezaba a vislumbrase el éxito de tu aprendizaje, ya sabías leer y escribir números. Sumabas, restabas y estabas aprendiendo a multiplicar. Leías aceptablemente, ya conocías todas las letras. Tu vocabulario había aumentado, lo que te permitía ser más abierto y extrovertido. Ya podíamos mantener conversaciones, ya sonreías y mostrabas una mirada limpia e inocente de buen chico. Eras muy agradecido. Estábamos todos muy ilusionados con la formación que podríamos alcanzar a finales del curso y así lo comentaba con tus educadores Javier y Alejandro. En los talleres donde aprendías carpintería de aluminio, también estaban muy contentos contigo.

Un viernes de finales de Enero sonó mi móvil, era Javier: " José, tengo que darte una mala noticia, hoy a las siete de la mañana ha venido la policía a la Casa de Acogida y se han llevado a Said. Se ha ido llorando, a estas horas estará volando a Marruecos". Acudí tan pronto como pude a la Casa de Acogida de Castelar. Allí estaban Pablo, Luis, Javier, Pablo Parrado, Carmen y Bea. Estábamos todos desolados. Nos sentíamos tristes e impotentes. ¿Por qué se habían llevado a Said? ¿Por qué habían truncado sus estudios? ¿Era para proteger al menor? ¿Es proteger al menor interrumpir su formación y reintegrarlo a un país en el que no puede recibir educación ni encontrar trabajo?

Es cierto que existe un problema de inmigración, que hay que regularizarla, pero no parece el mejor método la repatriación de menores que ya se están integrando, que están demostrando su interés en ser útiles a la sociedad. ¿Por qué en la repatriación de menores no se tiene en cuenta la opinión de los directores y educadores de los Centros de Acogida en los casos en que se puede infringir un daño irreparable a un menor?

España necesita inmigrantes. Es evidente que el proceso de inmigración no debe realizarse de forma caótica, sino ordenada y controlada ¿Pero no sería deseable que del cupo de inmigrantes autorizados formen parte aquellos que han demostrado que por su conducta y formación pueden integrarse mejor en nuestra sociedad y de esto pueden decir mucho los Centros de acogida?

Said, hemos hablado por teléfono contigo. Estabas aparentemente tranquilo pero tus palabras justas y escasas me vuelven a recordar al Said reservado y silencioso de los primeros días. No estás haciendo ni estudiando nada. Estabas conociendo una vida mejor y cuando ya estabas a punto de alcanzarla has visto fracasado tu intento.

No sé cual será tu futuro Said. ¡Ojalá tengas éxito en tu país o puedas formar parte del cupo legal de inmigrantes cuando cumplas los dieciocho años!

Lo que si te puedo asegurar es que has dejado una huella indeleble en mi corazón, de chico bueno, noble, trabajador y agradecido, que siempre encontrarás en nosotros nuestro apoyo y nuestra ayuda. Nunca te olvidaremos.

JOSE GOMEZ RUIZ (*)


(*) José Gómez, Pepe para los amigos, es uno de los últimos voluntarios incorporados a nuestro programa; por cierto, a través del tropiezo con esta página web. Jubilado laboralmente, que no vitalmente, tiene muchos méritos y títulos en su haber, pero para no provocar un "contencioso" nos los callaremos, ya que, por encima de todo, es una persona discreta y humilde.
Pepe, aunque te enfades, aprovechamos el que has escrito esta carta a Said y nos has permitido publicarla en nuestra página, para darte las gracias de corazón por tu ilusión imbatible, por tu confianza en estos chavales refugiados e inmigrantes en los que ya casi nadie confía, por darnos ejemplo de constancia y creatividad en tus clases de español, por tu disponibilidad permanente ("para lo que necesitéis"), por tu sabiduría práctica en las relaciones humanas y por mil cosas más que nos callamos para que tu pudor y vergüenza no salten hechos añicos.
Gracias por el trabajo que has hecho con Said, dándole la única oportunidad educativa que ha tenido en su vida y por tus deseos de mantener el contacto con él, allá en su país, en Marruecos.
Que sepas que todo el equipo educativo del proyecto LA MERCED y los religiosos mercedarios compartimos tu tristeza e impotencia ante la situación vivida. Sólo nos queda como mal remedio, el decir, quizá con el deseo inconsciente de engañarnos y consolarnos,"qué nos quiten lo bailao". Lo que tu le has enseñado y lo que él nos ha dado a nosotros, no nos lo podrán quitar.
Un gran abrazo de todo nosotros:

EQUIPO EDUCATIVO, TRABAJADORES Y RELIGIOSOS