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Mi historia en "LA MERCED"
 

MI HISTORIA EN "LA MERCED"

Cuando empecé hace más de dos años y medio no me imaginaba todo lo que iba a vivir. Comencé realizando mis prácticas en la casa de Castelar, en el Proyecto de Menores. Al principio tuve muchas limitaciones, lógicas en los primeros momentos, como podían ser la falta de experiencia laboral, el desconocimiento de la realidad migratoria, ya que era un tema que me atraía mucho pero en el que nunca había indagado demasiado. O la inadaptación inicial al ritmo de trabajo, pues cuando entré todo me parecía una locura, un desorden y después de un tiempo me fui dando cuenta que no era así y que todo estaba más o menos controlado. .

Cosas como el nombre de un chaval, que nunca había oído y ni sabía cómo pronunciarlos muchos de ellos, o los diferentes tipos de documentos y trámites que existían y existen para conseguir la regularización de los chavales, eran temas que en un primer momento me resultaron muy complicados y extraños.

Después, con el tiempo, conseguí entrar de lleno en la dinámica diaria de trabajo, asumiendo responsabilidades progresivamente y comprobando como el trabajo desempeñado era productivo desde el principio.

Recuerdo mis prácticas como una experiencia muy bonita en mi vida. Recuerdo un montón de anécdotas, momentos y sentimientos vividos que nunca olvidaré.

Cuando terminé mis prácticas comencé a trabajar en Castelar: para mi fue un sueño hecho realidad.

A continuación estuve en el proyecto de Jóvenes, en el Piso de Alcalá. Cuando me dijeron que iba a cambiar de proyecto me hizo mucha ilusión porque me apetecía conocer la realidad de los chavales mayores de edad, con un trabajo muy distinto al que se realizaba con los menores. Pero también tenía un poco "miedo" por esa misma novedad.

Al principio me costó un poco pero según iba pasando el tiempo fui adaptándome y aprendiendo la forma de trabajo que se realizaba con los mayores. Había aspectos que coincidían y otros que no. Por ejemplo, se trabaja más la autonomía de los chavales.

Cuando se trasladó el proyecto con jóvenes de la calle Alcalá a la calle Cartagena, yo pasé a los Pisos de Jóvenes de Colomer, donde estoy en la actualidad.

Durante todo este tiempo he aprendido muchas cosas, tanto en el ámbito personal como profesional. Los chavales te enseñan mucho. Con una palabra, un gesto, una frase, te hacen reflexionar sobre muchos temas y replantearte tu forma de trabajo.

Me he dado cuenta de que existe un enriquecimiento mutuo, que nosotros podemos enseñarles muchas cosas, pero ellos también a nosotros.

Parece increíble que siendo cada uno tan diferente del otro y cada uno con su historia detrás, podamos encontrar un punto intermedio en el cual podamos entendernos. Aunque en determinados momentos surjan discrepancias, sabemos que el trabajo que se realiza es por el bien común.

En muchos momentos el trabajo es muy duro y agotador, pero cuando vas viendo que los objetivos que se han planteando con un chaval se han ido consiguiendo y que al final el chico sale con los objetivos más importantes conseguidos te sientes muy bien. Tanto por el chaval como por ti, porque ves que el trabajo que se ha realizado con él ha sido el correcto.

Ganarse la confianza de los chavales es una de las partes más importantes de nuestro trabajo. Y si les respetas y te haces respetar puedes trabajar muchos aspectos y da igual que seas hombre o mujer. Tengo una anécdota que tuve con un chaval que residía en el piso de Alcalá. Él llevaba muy poco tiempo en el piso y un día, como a todos los chicos, le tocaba cocinar. Le comenté que le tocaba hacer la comida y él me dijo: Laura ¡Tú estás loca! ¿Cómo una mujer me dice a mí que haga la comida? Al final, después de mucho hablar y de hacerle entender muchas cosas, conseguí que hiciera la comida. En eso consiste mi trabajo: contribuir a que los chavales tengan todos los ingredientes para enfrentarse a la realidad.

Laura Delgado Fernández
Educadora del Programa LA MERCED,
en los Pisos de Jóvenes de la calle Cartagena