Cada vez siento más pudor
por saber de las historias ajenas,
por entrar en el pasado que no es mío y no me pertenece,
por meterme en el tiempo doloroso
de estos chicos -amigos, hermanos-
con los que vivo y sueño.
Me duele preguntar, urgar, arañar,
vencer resistencias casi inmutables…
Sé que es importante que hablen de su dolor, de su historia…
Sé que eso también libera.
Solo por eso aún me atrevo
a seguir preguntando.
Pero a mí su "liberación" me pesa.
Me pesa horriblemente.
Me importa lo que son,
no lo que fueron,
aunque sé que ambas cosas
son parte de lo mismo
Yo podría pasarme perfectamente con su presente y su futuro.
Me conformo con los tiempos inmediatos.
No necesito más:
compartir la vida que transcurre,
la que el destino ha querido aproximar,
coincidente, cercana, llena de sobresaltos…
Tiempo presente, de paz
fugaz e intermitente.
Tiempo inestable y palpable.
Tiempo futuro, demasiado alejado por leyes estúpidas
que ni protegen ni espantan la historia dolorosa
que les tocó vivir.
Ese tiempo me basta,
me basta y me sobra.
Y si el pasado canta porque quiere,
¡qué así sea, aunque duela!
Pero que cante libre;
no porque la miseria de futuro que ofrecemos
así lo determine.