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Nuestro Programa |
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Antecedentes y Justificación |
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Desde finales de los 80 viene produciéndose
en España un incremento progresivo del fenómeno migratorio.
Una parte no despreciable de las personas que llegan a nuestro país
en busca de mejores oportunidades corresponde a menores de edad y jóvenes
que no superan los 20 años y, por lo tanto, con una personalidad
en desarrollo. Un dato que agrava la problemática de estos menores
y jóvenes a los que nos referimos es que llegan sin ningún
tipo de acompañamiento familiar. Una serie de circunstancias como
su corta edad, el choque brutal que se produce entre las expectativas
que traían y lo que encuentran al llegar, la falta de un proceso
integrador en una nueva cultura y la prohibición expresa de ganarse
la vida honradamente, dado que carecen de documentación, pueden
llevar a un futuro de marginalidad para ellos y a un crecimiento de la
alarma social en torno a la problemática de la inmigración,
con un incremento de las actitudes xenófobas e intolerantes.
En este contexto, el presente proyecto surge como una
respuesta integral e inmediata a las necesidades de los menores y jóvenes
refugiados e inmigrantes que llegan a España. En el caso de
los menores, se trabaja, como es preceptivo, en estrecho contacto con
las comunidades autónomas, responsables últimas de la tutela
y guarda de los menores. En la Comunidad de Madrid formamos parte del
entramado de recursos existentes y participamos en cuantas reuniones y
programaciones se realizan.
En cuanto a los jóvenes, con los 18 años
ya cumplidos, el problema es más grave, al no existir ningún
tipo de recursos institucionales y no estar amparados por la ley en lo
que se refiere a su regularización. Pueden pasarse meses y años
dando tumbos, sin ninguna posibilidad de pasar a un mercado laboral regulado
que permita su integración satisfactoria en la sociedad española.
Además, son muchos los jóvenes que, tras pasar un año
o unos meses tutelados en un centro de acogida, se ven obligados a abandonar
sus residencias y a buscarse la vida sin haber terminado su proceso formativo
laboral y, lo que es más grave, sin disponer de los permisos de
residencia y trabajo que les permitan vivir por sus propios medios y conseguir
una autonomía satisfactoria.
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