¿Quiénes somos?
Refugiados e Inmigrantes...
 

... Una Nueva Esclavitud

Nuestras ciudades, pueblos y calles se han ido llenando en los últimos años de personas que llegan de otros lugares, más allá de nuestras fronteras. Nuestros vecinos comienzan a ser de distintas razas, a veces hablan otras lenguas, aunque luchen por aprender la nuestra, son hijos de otras culturas y practican otras costumbres, otros rezos, otros ritmos... Nuestra sociedad se hace así más plural, más rica, aunque esto no todos lo entiendan y, en cualquier caso, empiecen a sentirse ya los primeros síntomas de lo difícil que será la convivencia si lo que prevalece es el rechazo, fruto del miedo a lo distinto, de la ignorancia, del estereotipo y del prejuicio.

Por poco que sepamos ver y escuchar, no ignoramos que detrás de sus historias se encuentran, en distinto grado y según cada caso, la necesidad extrema, la guerra, la violencia, la falta de futuro, la persecución y muchas otras carencias y miserias que obligan, afrontando dificultades y explotaciones sin cuento, a escapar en busca de mejores oportunidades. En el camino, muchos encontrarán fronteras impermeables, insolidarias, cerradas a cal y canto, reforzadas con el propósito de impedir a los hombres escapar del dolor, de la opresión o de la desesperanza. Fronteras hechas para separar culturas, razas y credos, dando por supuesto que solo los iguales son capaces de entenderse. Fronteras levantadas, sobre todo, con el propósito de mantener nuestros privilegios, impidiendo que la pobreza extrema nos toque de cerca, nos remueva y nos obligue a repartir lo que acaparamos. Olvidamos que "la tierra es un don de Dios que recibimos como un bien a compartir" (L.V. 24). Y queremos ignorar, como dice el premio Nóbel José Saramago, que "no existen muros ni armas para frenar la desesperación".

Una vez llegados a la "tierra de promisión" encontrarán pocos gestos de bienvenida y hospitalidad. Las medidas legales "disuasorias" no disuaden, porque las causas que originan oleadas de refugiados e inmigrantes siguen sin afrontarse y, si malo es lo que encuentran, peor es lo que dejaron en sus países. Esas medidas, ineficaces en su propósito principal, sí sirven, por el contrario, para impedir el ejercicio de derechos fundamentales, crear barreras y recelos, dificultar una integración social y, en ocasiones, favorecer o permitir situaciones que rozan la esclavitud y fomentan la desigualdad y la discriminación. Aunque, a veces, y según manifiestan los propios inmigrantes, sean más duras de sobrellevar las actitudes y miradas excluyentes, despreciativas y marginadoras, fruto del miedo a lo distinto, de la ignorancia o de esa tendencia tan humana (o inhumana) a la generalización.

Pedro Nolasco, nuestro fundador, fue un comerciante experto en las cautividades de los hombres de su tiempo. Nosotros queremos seguir descubriendo y combatiendo las nuevas opresiones y cautividades que quitan a los hombres la libertad de realizarse como humanos: los refugiados e inmigrantes entran de lleno en este objetivo porque viven situaciones degradantes y opresoras. En ellos descubrimos nuestro lugar y hallamos de verdad nuestra tarea.