Documentación
Diversidad y Encuentro
Artículos Publicados
Carta de un inmigrante africano a la sociedad
Somos los VIPS del VIH...y de tantas cosas
Diversidad: la carcajada de Dios
Los tontos prejuicios del tonto
Gracias por dejarme acompañaros
Confesiones de un ingrato
¡Torre Humana en el Obradoiro!
Campamento Intercultural
No fue una semana cualquiera
¡Ya han pasado 9 años!
Claves
Nuestra Casa, abierta al Mundo
LOS TONTOS PREJUICIOS DEL TONTO
Pablo Pérez Pérez

“Cuanto menos inteligente es el blanco, más tonto ve al negro”.
ANDRÉ GIDE

Salimos tempranito de la Casa de Refugiados Menores de La Merced hacia la Oficina de Asilo y Refugio para una entrevista con el instructor que llevaba el caso de Ephren, mi compañero de viaje. Tomamos el metro en la estación de Manuel Becerra. Íbamos comentando las posibles preguntas y las respuestas más convenientes y clarificadoras. De pronto observé como otro viajero, un señor de unos 60 años con un bigotito minúsculo sobre su labio superior, miraba a mi amigo etiope, al que no conocía, con un desprecio infinito. Me puse de mal humor, recordando otras muchas miradas injustas dirigidas a los menores y jóvenes acogidos en nuestros recursos y a muchos de mis amigos inmigrantes. Colocándome frente a él, mantuve su mirada e intenté convertirme en su espejo . Nuestros rostros expresaban idéntico desprecio. En el suyo se concentraban todos los prejuicios acumulados durante generaciones hacia los negros, los inmigrantes, los extranjeros, los “distintos”... Mi mirada, por el contrario, era personal e intransferible, dirigida exclusivamente al viajero impertinente y expresaba mi desprecio hacia los tontos prejuicios de un tonto, nuestro compañero de viaje.

Los prejuicios mueven nuestra vida de cada día, nuestras decisiones y relaciones mucho más de los que pensamos. Nuestra sociedad está envenenada por ellos y no es tarea fácil el descubrirlos ni el combatirlos. Quizá por eso Einstein pensaba que era más fácil desintegrar un átomo que acabar con un prejuicio. Todos sabemos, si hacemos un esfuerzo de reflexión, que los prejuicios son irracionales, ya que se trata de ideas preconcebidas y generalmente distorsionadas de otras personas y grupos humanos que nos empujan a juzgar y a creer anticipadamente que sabemos lo que son y lo que valen. Por comodidad, por desconocimiento, por desconfianza, por miedo, por tradición, por aprendizaje o quién sabe por qué, englobamos bajo el mismo término a las personas más diferentes, atribuyéndoles costumbres, actitudes, acciones colectivas y hasta crímenes cometidos o la facilidad para caer en ellos. No hay mas que hacer un pequeño esfuerzo de memoria para descubrir la enorme cantidad de frases hechas, dichos, tópicos y estereotipos, antesala de los prejuicios, que circulan permisivamente por nuestras conversaciones.

 

Los prejuicios son uno de los grandes fracasos de la inteligencia humana , precisamente por convertir en certeza lo desconocido, lo ignorado, evitándonos el esfuerzo permanente de discernir la información: ya sólo percibiremos aquellos datos que reafirmen nuestro prejuicio, inmunizándonos contra toda posible crítica. Un racista, por ejemplo, sólo recordará, de todo lo publicado y aireado en los medios de comunicación, los delitos cometidos por los negros, por los inmigrantes o por los sujetos objeto de sus prejuicios, olvidando todos los cometidos por los blancos o los nacionales. También supone un fracaso trágico de la inteligencia el empeñarse en “meter en el mismo saco” a los individuos, siguiendo criterios de procedencia o de origen, de color de piel, de oficio, de cultura, etc., negando a la persona la posibilidad de ser ella misma. Cuando sufrimos en nuestras propias carnes el estereotipo y la violencia de un prejuicio que nos impide “ser”, distinto de todos los demás, por cristiano o musulmán, por fraile o monja, por joven o viejo, por flaco o gordo... entendemos perfectamente la impotencia de la víctima y la estupidez del verdugo.

 

Los juicios previos –los prejuicios- se dan, como afirma José Antonio Marina, en todos los seres sociales, incluso en aquellos que por vocación y profesión deberían estar exentos. Es urgente, sobre todo en nuestro país y en este momento que estamos viviendo, tomar conciencia de que esos estereotipos van conformando peligrosamente nuestra personalidad y nuestro pensamiento social, desembocando a la mínima en actitudes racistas y discriminatorias, y demostrando, una vez más y como tantas otras a lo largo de la historia, su capacidad de perversión y de muerte.

 

El Concilio Vaticano II nos recordaba a todos los cristianos que “no podemos invocar a Dios como Padre de todos, si nos negamos a comportarnos como hermanos con algunos de los hombres que han sido creados a su imagen”. Dios no tiene prejuicios . Él, nuestro Creador, menos que nadie, porque es capaz de entrar en lo más profundo de nuestro ser individual, no quedándose nunca, al mirarnos con Amor de Padre, en el envoltorio, en la piel, en la cáscara... Jesús, el Maestro, según nos cuentan los Evangelios, no hacía acepción de personas y, si acaso utilizaba algún tipo de clasificación, era para distinguir a los que hacen el bien de los que hacen el mal, siendo bastante difícil de determinar la ubicación de la mayoría de las personas en un apartado o en otro de manera definitiva. San Pablo nos recuerda que por medio de El los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef 2, 18-19) Y, cuando se pertenece a la “familia de Dios”, ¿qué otra familia, grupo o estrato social puede estar por encima o por debajo de ella?

 

Juan Pablo II pedía, en uno de sus discursos anuales al Cuerpo Diplomático acreditado ente la Santa Sede, que ningún prejuicio nos mantuviese encadenados. Pongamos lo medios y mantengamos una puerta abierta a la esperanza de que mirarnos de otra manera es posible. A fin de cuentas, como dice Amin Maalouf, “es nuestra mirada la que muchas veces encierra a los demás en sus pertenencias más limitadas, y es también nuestra mirada la que puede liberarlos”.

 

Para seguir informándose sobre los prejuicios en esta misma página, en http://www.lamercedrefugiados.org/doc_pro_losprejuicios.html