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"Somos los VIPS del VIH... y de tantas cosas"

Pablo Pérez Pérez
(pape.perez@gmail.com)

"Mira, Señor, que tanto llanto, arriba,
en pleamar, oleando a la deriva,
amenaza cubrirnos con la Nada "

BLAS DE OTERO

Nos pidieron una plaza para un joven con VIH. Había una larga lista de espera, pero el equipo educativo decidió dar preferencia a su caso. En buena hora .
Pocas veces una acogida nos ha deparado tantas satisfacciones: durante muchos meses hemos podido disfrutar de la sonrisa más hermosa y estimulante y del talante más positivo que pueda caber en un corazón joven. Tras unos años en España organizando su futuro quiso volver a la madre África para ver a los suyos. Se fue lleno de emoción y de miedo. Regresó a nuestra tierra contento por el contacto recuperado con su familia y su cultura y aterrorizado por el drama que viven muchos países del continente africano asediados por el VIH/sida, faltos del apoyo de los países más desarrollados y sin poder pagar los precios disparatados de los fármacos ARV que impedirían el avance constante de la enfermedad y de la muerte. Hoy sabe que, al igual que otros muchos ciudadanos del Norte desarrollado, es un VIP del VIH, un privilegiado... Ojalá que su suerte pueda ser compartida un día por todos los que lo necesiten, en nombre de esas tan cacareadas raíces cristianas de nuestra vieja Europa y de todo el Occidente, de las que solemos reclamar más la letra que el espíritu, la teoría constitucional que la práctica del compartir.

 

Querido amigo: ha sido una alegría encontrarte de nuevo, saludable y feliz. Al verte he recordado un extraño y maravilloso gesto con el que te despediste de mí: tocaste mi frente y acariciaste mi cara, reteniendo tu mano unos instantes en la mejilla derecha. No me he atrevido a preguntarte por el sentido de ese gesto rápido y tímido. Quizá querías dar las gracias, o era una demostración de amistad y despedida, o, tal vez, una especie de bendición, al estilo de las antiguas culturas. Seguramente fue un gesto espontáneo, casual, sin ninguna intencionalidad concreta, pero que a mí me llegó profundamente.

Tras tu vuelta hemos hablando de tu salud, por supuesto. Pocas veces lo habíamos hecho anteriormente. Has sido siempre tan serio y responsable en la toma del tratamiento contra el VIH que nunca hemos tenido necesidad de recordarte su importancia. Gracias a una sanidad universal que incluye a todas las personas que viven en España, reconocida por las leyes de nuestro país, aunque cada vez más denostada por algunos sectores egoístas de nuestra sociedad del bienestar, puedes disfrutar de una vida digna. Es una de las cosas que me hace sentirme orgulloso de ésta, mi tierra. Comentabas: "nadie diría que estoy enfermo". Y no lo estás: el VIH está contenido e indetectable y tu corazón se ha vuelto fuerte y generoso, aunque ésto las analíticas no lo detecten.

Las cifras que hemos buscado por internet del VIH en África confirman tus impresiones más pesimistas: de los 40 millones de personas contagiadas que hay en el mundo 28 millones están en el África subsahariana, de las cuales mueren diariamente a causa del sida unas 6.300. En Botswana, por ejemplo, una de cada cinco personas están infectadas. Se habla de más de 12 millones de huérfanos, repartidos por todo el continente. Y tras estas frías cifras, el dolor y la pobreza de los que quedan y la miseria de los países más afectados. Todos sabemos, sin embargo, que cada día surgen nuevos tratamientos antirretrovirales que consiguen convertir la enfermedad en una afección crónica manejable y crean unas expectativas de vida digna muy reales. Si rastreásemos juntos las páginas de la Biblia y el Corán, libros sagrados de los que nacen nuestras creencias más profundas, encontraríamos una invitación –también una exigencia- a buscar la fórmula para que estos medicamentos imprescindibles llegasen a todos los países.

Puede que algún día, amigo, esta vieja Europa en la que vivimos, sea capaz de repetir tu gesto y ponga generosamente sus manos en el mapa y en la realidad del continente más lleno de vida, más auténtico y más desgarrado y empobrecido al mismo tiempo, en esa África de la que antes se decía que empezaba en los Pirineos... Seguro que también aquí diríamos, al final, como nos ha pasado contigo, ¡en buena hora! Seguro que nuestros recursos materiales invertidos regresarían transformados en valores y, de paso, conseguiríamos que algunos de los anticuerpos más virulentos de nuestra sociedad egoísta quedasen contenidos e indetectables en las próximas analíticas de la calidad de la sangre que recorre las venas éticas de nuestra sociedad.

Para seguir informándose sobre el SIDA en África en

http://www.lamercedrefugiados.org/Doc_Profundizamos.html