ando. La historia de los muchos pueblos de Norteamérica y la creación de una nación es una historia inconclusa en la cual continuamente cobran vida los ideales formulados en la Declaración de Independencia y la Constitución. Nuestro pluribus es más impresionante que nunca -- nuestras razas y rostros, nuestra música de jazz y qawwali, nuestros tambores haitianos y tablas bengalíes, nuestras danzas hip-hop y bhangra, nuestros mariachis y gamelanes, nuestros minaretes islámicos y nuestras torres de los templos hindúes, nuestras agujas de los templos mormones y las cúpulas doradas de los gurdwaras.
Entre esta pluralidad, la expresión de nuestro unum , de nuestra unidad, requerirá muchas voces nuevas, cada una contribuyendo a su manera, como las voces de los sijs que se harán oír para proclamar la "verdad evidente" de la igualdad humana, no sólo porque está escrita en la Declaración de Independencia sino también porque es parte de las enseñanzas del gurú Nanak y un principio de su fe sij. Oír las nuevas maneras de dar expresión a la idea de Norteamérica es el reto que encaramos hoy.
Al entrar en un nuevo milenio, los norteamericanos están en el proceso de descubrir de nuevo quiénes somos "nosotros". Cada parte del cuadro compuesto de una nueva Norteamérica religiosa puede parecer pequeño, pero cada contribuye a pintar un nuevo autorretrato de Norteamérica. Una palabra puede significar un cambio en la conciencia. Por ejemplo, a medida que los musulmanes se vuelven más numerosos y visibles en la sociedad norteamericana, los funcionarios públicos han comenzado a cambiar de hablar de "iglesias y sinagogas" a hablar de "iglesias, sinagogas y mezquitas".
La observancia anual del Ramadán, el mes del ayuno musulmán, ahora es objeto de atención pública y se convierte en ocasión para que el Dallas Morning News o el Minneapolis Star Tribune publiquen fotos de sus vecinos musulmanes. Las comidas que rompen el ayuno al fin de cada día, llamadas iftar, se han convertido en momentos de reconocimiento. A fines de la década de los 90 el personal musulmán del Congreso, el Pentágono y el Departamento de Estado se reunió para celebrar el iftar. En 1996 la Casa Blanca fue anfitriona de la primera celebración del Eid al-Fitr, al final del mes de Ramadán, práctica que ha continuado después. El mismo año la armada de Estados Unidos tuvo su primer capellán musulmán, el teniente M. Malak Abd al-Muta' Ali Noel, y en 1998 se abrió la primera mezquita de la armada en la base naval de Norfolk, en Virginia, donde había sido destacado el teniente Noel. Cuando 50 marineros asisten a las plegarias de los viernes en esta mezquita, nos indican a todos nosotros una nueva era en la vida religiosa norteamericana.
También los hindúes han comenzado a señalar su presencia en Norteamérica. Por ejemplo, el 14 de septiembre de 2000, Shri Venkatachalapathi Samudrala, sacerdote del templo de Siva Vishnú del Gran Cleveland en Parma, Ohio, abrió una sesión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos como capellán del cuerpo ese día. Oró en hindi y en inglés y cerró su plegaria con un himno sánscrito, todo lo cual quedó registrado en el sitio que el templo tiene en la Web. La ocasión fue la visita del primer ministro indio a Estados Unidos, pero el mensaje más general fue, a todas luces, que Ohio también tiene sus hindúes, como todos los demás estados de la Unión. Como norteamericanos, es necesario que veamos estas señales de una nueva Norteamérica religiosa y comencemos a pensar de nuevo en nosotros en términos de esas señales.
El floreciente movimiento interconfesional norteamericano nos provee otro conjunto de señales acerca de lo que pasa hoy en Norteamérica a medida que gentes de diferentes tradiciones religiosas empiezan a cooperar de maneras concretas. Un ejemplo resulta interesante, porque lo encabezaron los budistas. En la primavera de 1998, desde la impresionante Pagoda de la Paz, que se levanta sobre una colina de arces en la zona rural de Leverett, Massachusetts, una comunidad de peregrinos budistas inició la Peregrinación Interconfesional de la Ruta de los Barcos Negreros. Junto con "peregrinos" de todas las razas y religiones, caminaron entre 22 y 30 kilómetros diarios para visitar lugares vinculados a la esclavitud, todo a lo largo de la costa, desde Boston hasta Nueva Orleáns. Desde allí, algunos siguieron el viaje por mar hasta la costa occidental de Africa.
La comunidad budista que patrocinó la caminata, un grupo llamado Nipponzan Myohoji, era pequeño en tamaño pero, como los quáqueros, extendió su liderazgo mucho más allá de su número. No fue la primera vez que este grupo caminó en pro de la armonía racial y religiosa. Había viajado también de Auschwitz a Hiroshima para recordarle al mundo las atrocidades de los campos de concentración y la bomba atómica. A nivel local, este grupo camina cada año tres días desde su pagoda, en la cima de una colina, hasta la zona céntrica de la ciudad de Springfield, Massachusetts, para observar el segundo tercio de junio, la celebración anual de la liberación de los esclavos negros. En cada caso, los participantes caminan para recordarnos al resto de nosotros nuestros compromisos más hondos.
Percibir la nueva Norteamérica del siglo XXI requiere un salto de la imaginación. Significa ver el panorama religioso de Norteamérica, de uno a otro mar, en toda su bella complejidad.
