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TENEMOS POSTRES VARIADOS Al hombre más ateo del pueblo, por esos avatares extraños del nomenclátor cristiano, dieron en llamarle Teófilo, que en el latín del que nace nuestro verbo universal, quiere significar “amigo de Dios”. Amigos, lo que se dice amigos, no llegaron a ser, por lo menos en vida de Teófilo, que no puso mucha voluntad en ello. Sí era amigo, sin embargo, de vocear en el campo, durante las cosechas veraniegas y para que todos los que faenaban en medio del calor se enterasen, del valor de la diversidad; en concreto, de la diversidad de la fruta. –“¡Leoncia, hoy tenemos postres variados!”, proclamaba a voz en grito. Era un poco exagerado, las cosas como son, porque la variedad se reducía a unas mandarinas enanas –“mondarinas”, dicen en mi pueblo- y a unas ciruelas bastante gordas, aunque comidas de los pájaros, por mal nombre conocidas como “huevos de fraile”. Hasta el bueno de Teófilo, que no era precisamente un hombre ilustrado, sabía de la verdad del dicho castellano “en la variedad está el gusto”. También las mujeres de Santibáñez saben –y perdónenme la excursión biologicista- que para tener unos conejos sanos y más resistentes a las enfermedades, hay que pedir prestado el macho a las vecinas de vez en cuando –el macho conejo, se entiende-. No es una opinión sino pura sabiduría popular. De lo cual se concluye, y no sé si los ejemplos sirven o confunden a la verdad del asunto, que la diversidad es un bien que alimenta y mejora cuanto nos rodea, desde la ética a la genética, pasando por la cultura y desembocando en la convivencia, aunque nos exija a todos “los diversos” un esfuerzo previo de superación de la sorpresa y de empatía con la diferencia. El bebé del poblado africano de Burkina Faso que nos vio llegar a los veinte rostros pálidos de Madrid derrochando sonrisas y simpatía, pensó que semejantes visitantes no podían ser otra cosa que fantasmas llegados desde el país de la leche y rompió a llorar desconsoladamente. No nos ofendimos porque el que nos hizo el feo era un niño, pero, perdónenme ustedes: nosotros ya no somos niños y tendríamos que tener superado el miedo atávico a las hordas invasoras. Uno de mis lugares preferidos de Las Ramblas barcelonesas es el Mercat de la Boquería. Sus puestos de fruta, de todas las variedades y coloridos imaginables e inimaginables, invitan al disfrute de la vista y consiguen poner a cien las papilas gustativas del más austero y sacrificado monje tibetano. Al final, viene a resultar que Teófilo tenía razón: ya tenemos postres variados, más allá de las clásicas y sabrosas naranjas y manzanas de toda la vida. Yo sé que en el lote han venido algunas frutas estropeadas, pero nunca se me ocurrirá echar la culpa a las diversas y exquisitas frutas sanas del mercado. ¡Allá cada cual! Cada uno decidirá si disfruta o desprecia los cientos de puestos que nos ofrece esa globalización tan extraña que vivimos, pero solamente si logramos convertir en arte la diversidad nos habrá servido esta experiencia histórica para mejorar la especie humana en su dimensión más importante y definitiva: la moral. De momento, y como ejercicio práctico, te invitamos a saborear este manjar sonoro, viaje cosmopolita, mezcla de ritmos, sonidos, melodías e historias, una auténtica fiesta para los oídos y los píes, expresión de la riqueza y grandeza de los distintos pueblos de la Tierra. Como decía alguien, “... lo diferente suma. Quizá sea excesivo pretender que quienes sólo han tenido la oportunidad de conocer otras culturas con reticencias y prejuicios, participen con fluidez de este intercambio... La música, una de las más democráticas expresiones culturales, en tanto que amansa y emociona a casi todos, ha sido, de nuevo, el vehículo más rápido, el más permeable, el más capaz de aceptar la diversidad étnica y cultural de nuestro tiempo...” Como resumen del discurso errático precedente, valga el título que engloba este cuarto CD de una Casa abierta al mundo , regalo escogido con esmero y cariño para todos nuestros amigos, sobre todo para los que en este año difícil han seguido confiando en nosotros y en nuestra tarea y nos han acompañado por la travesía del desierto: ¡TANTO GUSTO!. TANTO, de cantidad y diversidad; GUSTO, de disfrute y enriquecimiento; TANTO GUSTO, de bienvenida y capacidad de acogida.
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